martes, 18 de septiembre de 2012

CUSCO: IGLESIAS LLENAS DE ARTE E HISTORIA CERCA DE LA CIUDAD IMPERIAL



Andahuaylillas, Huaro y Canincunca conservan una de las mejores muestras de arte barroco mestizo en el Perú

IÑIGO MANEIRO
Es la experiencia del color en su máxima expresión. Las paredes, los techos, los balcones y ventanas del interior, sus órganos. Todo está cargado de color. Es una especie de horror al vacío donde no queda un hueco libre para la imaginación. Son historias majestuosas en las que intervienen indios, obispos, soldados, hombres ricos y pobres, monstruos y ángeles, diablos y princesas, todos ellos rodeados de flores, frutas y aves provenientes de los rincones de la sierra y la selva.
Estos grafitis de los siglos XVI y XVII, que harían las delicias de los diseñadores gráficos, son catecismos visuales que los conquistadores españoles, de la mano de los jesuitas, elaboraron para la evangelización de la iletrada población indígena local y con la que les mostraban los caminos a la gloria o al infierno.
No hay perspectiva y el mensaje, como el color, es directo, sin espacio para las dobles interpretaciones, lo que hace que estas pinturas murales, de las tres iglesias que forman parte de la Ruta del Barroco Andino, sean más bellas todavía.
Esa ruta formaba parte de un gran corredor comercial que incluía al Cusco (situado a 40 kilómetros); el Altiplano y Potosí, de donde llegaba la plata; y la selva, en la que se cultivaba coca. En una corta distancia de tres kilómetros entre ellas, Andahuaylillas, Huaro y Canincunca, conservan una de los mejores muestras de arte barroco mestizo en el Perú, un arte que nace de la fusión de las culturas europea del siglo XVI y la indígena local.
OBISPOS Y ÓRGANOS
Sus autores, Tadeo Escalante o Luis de Riaño, muestran en ellas la crítica y la ironía hacia el poder. Por ejemplo, en la iglesia San Juan Bautista de Huaro, se aprecian obispos y ricachones engullidos por las fauces de seres monstruosos o arrojados a las llamas del fuego eterno. La entrada a esa iglesia es amplia, de piedra y tiene tres cruces en uno de sus lados que, al atardecer, forman sombras con el sol. Junto a ella, en la misma Plaza de Armas, se encuentra el museo Waka, un pequeño centro donde se exhiben restos líticos que incluyen petroglifos, piedras mágicas y rocas en formas de animales. En el pequeño templo de la Virgen Purificada de Canincunca, que se encuentra en la parte alta de la carretera que une Huaro con Urcos, sus paredes interiores están repletas de iconografías y símbolos entre esculturas de vírgenes y santos, que recuerdan a los ‘pallais’ o diseños de los tejedores del Ausangate. Desde el jardín de esta iglesia se observa la laguna de Urcos.
A la iglesia San Pedro Apóstol de Andahuaylillas se la conoce como la Capilla Sixtina de América. En ella se cantó la primera obra polifónica barroca de nuestro continente, un canto en quechua a la Virgen María llamado “Hanaq Pacha Kusikuyin”, y su baptisterio conserva la fórmula bautismal en cinco idiomas: griego, latín, puquina, aymara y quechua. Sus órganos, el de los Ángeles y el Rey David, también son los más antiguos, y hace unos meses han sido restaurados por especialistas franceses, pudiendo ofrecer hoy conciertos de música barroca.
Tres iglesias, cargadas de arte y con más de 400 años, que narran historias y visiones que no pierden actualidad.

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